Alessa le rogó a Leonardo de usar un auto sencillo para ir a su casa. El viaje a Toronto lo realizaron en su jet privado y de allí se movilizaron enseguida en un deportivo plateado. Vale, al menos evitó que se llevara el naranja o el amarillo. Iban a parecer luciérnagas de lo llamativos que eran esos.
Ella hizo mil intentos para convencerlo de no ir. Honestamente, aunque amaba a su familia, creía que era un paso que marcaría mucho su vida y no sabía si ya estaba preparaba.
—¿Estás seguro de que