Cuando la cena estuvo casi lista, Leonardo apareció en la cocina con Charlie en brazos. Alessa los miró enseguida. Agatha sonrió.
—Es evidente que se llevan muy bien.
—Ya somos socios. ¿Verdad, campeón? —Leonardo le dijo al niño y el niño asintió—. Ahí lo tienen.
—Oh, ya vuelvo. En un momento, ¿sí? —exclamó Agatha.
La pelirroja menor señaló una de las ollas en la hornilla encendida.
—¿Y eso, ma?
—No te preocupes por eso, Alessa. No se va a quemar ni nada.
—Sí, claro —ironizó, viendo a su madre