Dos días más tarde, Carla le preparaba la cena cuando tuvieron la conversación.
—Dejaste de asistir a la Facultad, Alessa.
La mencionada giraba su celular sobre la mesa, mientras tenía el ceño ligeramente fruncido.
—Puede ser —contestó distraída.
—¡Es que iba a suceder! El que te conoce, lo imaginaba ya.
—Pregúntaselo a mi madre.
A pesar de la apatía natural de la pelirroja, Carla se acercó y colocó una mano gentil en su hombro.
—Oye, ¿estás bien?
“Estar bien es una mentira universal”, consider