Para alguien como Alessa, siempre fue muy difícil pensar con la de abajo que con la de arriba.
Su cerebro, la mayoría del tiempo comandó el camino, y para ella nunca representó un problema.
Esa noche, en la oscuridad, lejos de los suaves ronquidos de Carla, rodó entre sus sábanas una vez más privada de las mecánicas naturales del ser humano. No sentía ninguna clase de culpa, pero el nombre de su jefe prevalece incansable en su mente, tocando, danzando y susurrando su nombre.
Alessa comenzó a irr