Elliot Le Roux le ofreció un regreso cómodo a su bloque de apartamentos. Al principio lo rechazó, porque el rubio francés le ordenó a Horacio que la escoltara y eso fue tanto una idea tentadora como una amenaza inminente.
—Este tipo me odia —bisbiseó la pelirroja para sí misma, deleitándose con la mirada tensa del gorila—. Seguro me corta el cuello y me tira por un acantilado.
Como Le Roux insistió e insistió, Alessa prefirió sacarle provecho a las circunstancias.
Horacio la guió a un lujoso A