Carla la llamó por teléfono minutos después de que abandonó la mansión de Gold y lo primero que la muchacha le preguntó fue:
—¿En qué bendito problema te metiste ahora, Alessa Sinclair?
Técnicamente, Carla no necesitaba ser bruja o algo parecido para adivinar que, en efecto, se manifestaron los típicos problemas. Después de años juntas, viviendo juntas, descubriéndose los hábitos, era normal.
—Ah, con que te enteraste.
—¡Todos en la Facultad andan murmurando de ti y del Sugar Daddy mecánico! —s