Unos días más tarde, Leonardo y el jefe Reynolds se reunieron en el taller, conversando como un par de compadres acerca de la vida. Alessa había bajado a buscarlos después de casi una hora, ya que tenían una fiesta allí en la mansión y se habían tardado mucho poniéndose a charlar.
Mientras los dos hombres se reían a carcajadas, la pelirroja se les acercó con las cejas arqueadas y las manos en la cintura.
—¿Ya terminaron de cuchichear, par de ancianos? —preguntó divertida.
Leonardo se quejó con