El murmullo de la multitud apenas comenzaba a disiparse tras el anuncio del compromiso cuando un sonido metálico, el eco de tacones altos sobre mármol, cortó el aire como un cuchillo. Las puertas del salón volvieron a abrirse, y con ellas, la noche se tiñó de un nuevo veneno.
Veronika Dubrovskaya apareció en el umbral. Alta, de silueta impecable, envuelta en un vestido negro con destellos plateados que parecían espinas bajo la luz, caminaba con la seguridad de quien alguna vez fue intocable. Su