—¿Estás bien? —la voz de Jorge entró en mi mente, sus ojos similares a los de su hermano denotaban su preocupación.
¿Cuánto tiempo me había quedado en blanco? ¿Cuánto tiempo había permitido que mi mente divagara?
—Sí... —afortunadamente, mi voz sonaba más fuerte en mi mente que en voz alta.
—¿Estás segura?
—Creo que necesito dormir —corté el vínculo mental, alejándome.
—Oye, Clío. —Jorge intentó atraerme hacia él, pero ya no estaba a su alcance, le di la espalda mientras me dirigía hacia el pasi