Punto de Vista de Carla
Regresé sola, a un hogar que era solamente mío. Esta vez las cosas eran distintas: la manada no me daba la espalda ni me evitaba.
Todos se habrán enterado, porque cada mañana encontraba cestas en mi puerta: pan y pasteles recién horneados, frutas y verduras frescas de sus jardines. Me importaban, y eso significaba mucho para mí, aunque todavía no podía procesarlo bien porque aún estaba curándome.
Cuando me sintiera lista, les agradecería con toda la gratitud que llevaba