—La culpa es mía, lo sé muy bien. —suspiré, soltando mi agarre sobre mi hermano y pasando las manos por mi cabello.
—¿Qué quieres hacer? —Javier dio un paso más cerca de mí, con la mandíbula tensa y sus ojos ardiendo de rabia.
—¿Quién demonios es ese Tomás? Necesito que ella esté lejos de él, pase lo que pase. Si él cree que puede reclamar a mi compañera y a mi bebé como suyos...
—No lo hará, no dejaremos que eso suceda.
—Jorge, te juro por la diosa que si algo le pasa... —Josi empujó mi pecho,