—¿Protegerlo de qué?
—De ti, de tu familia.
—No le haría daño al bebé. —el color se le escapó del rostro como si le hubiera dado una bofetada.
—No, lo sé. Pero el bebé será el heredero de la Manada Aguasclaras hasta que tengas un hijo de verdad con tu compañera...
—Un hijo de verdad. —soltó una risita, encontrando mi paranoia ridícula. Era el único que lo hacía.
Di un paso más atrás, alejándome de él. La ira irradiaba a través de mí, siempre había sido apartada por él, siempre fui ignorada sin q