Pero ¿por qué debería hacerlo? Esto era sobre él, sobre los crímenes cometidos contra él.
Su otra mano serpenteó por mi cuerpo, desde mi cintura hasta la línea de mi mandíbula, donde se unió a la otra mano... y ambas se posaban sobre mi rostro.
—Yo, Enrique Lucasiano, te acepto a ti, Josefina Vargas, hija de los Alfas, como mi compañera destinada...
—¿Qué estás haciendo...? —logré decir, mientras mis manos se movían para aferrar las suyas.
—Shhh... Te amo más de lo que puedo medir, quiero proteg