Podía ser un hombre lobo, pero algo en él me hizo sentir escalofríos.
Mis pasos hacia él ahora eran pesados, mis zancadas graves. No me derribarían tan fácilmente. Estaba solo, su barrera protectora ahora luchaba contra Javier.
Eso era lo que necesitábamos, necesitábamos que estuviera solo y no podía desperdiciar esa oportunidad.
—Eres audaz. —me gritó mientras lo miraba fijamente, con metros entre nosotros.
—¿Lo soy?
—Eres la única que se ha acercado tanto a mí. —sus ojos se dirigieron detrás d