—Él no me ama, no me quiere.
—Ay, mi cariño...
—Se lo dijiste, ¿por qué se lo dijiste? —Mis ojos se clavaron en él, ¿por qué se lo había dicho?
—Porque... si él fuera merecedor de ti, eso no habría hecho ninguna diferencia. —Me sostuvo el rostro con sus manos.
—¡Lo asustaste! —le grité a papá, sintiendo furia y traición. Pensaba que estábamos siendo discretos, pero papá ya lo sabía. Se lo habría dicho en algún momento, pero era demasiado pronto.
Me levantó, poniendo un brazo firme alrededor de m