Mi lobo se agitaba dentro de mí, queriendo empujarme hacia ella... tocarla.
Lo contuve, no... me negué a ceder a los deseos, a las ganas.
Dos hombres se acercaron a ella y di un paso a un lado, observándolos desde las sombras mientras la llamaban. Estos eran los dos tipos que había castigado en el entrenamiento por sacar pajitas para coquetear con ella. Un gruñido resonó en mi pecho mientras ella se giraba para interactuar con ellos. Ni siquiera debería haberles dedicado un segundo de su tiempo.