Regresamos al camino en cuestión de minutos. Orfeo nos prestó un coche de la manada, insistió en que un conductor nos acompañara, pero Héctor se negó.
Su ira hacía difícil respirar en el vehículo.
Mi propia aura de alfa estaba saliendo, intentando contrarrestar la suya sin querer.
—Héctor, para... me estás haciendo difícil respirar. —Dije después de una inhalación aguda. Cada vez era más asfixiante y no tuve más remedio que abrir la ventana, aunque vibraba contra la alta velocidad a la que viajá