A la semana siguiente, Astrid recibió una visita poco usual.
- ¿Aquí puedo hallar a Astrid de Ciram?
Escuchó una voz que no reconoció. Astrid se encontraba en el interior de su consulta, alimentando al pequeño cuervo cansado.
- Voy en un momento, dijo Astrid.
Caminó hacia fuera de la consulta, para atender al lobo que le buscaba.
- Aquí estoy, señor ¿Qué desea? - Dijo la joven loba, con una sonrisa afable. Se detuvo un momento al ver al lobo, traía una capucha que lo ocultaba de los ojos que