La voz de Douglas tembló un poco al final y Lilianne tragó el nudo que se le había formado en la garganta.
Solo había que ver cómo se iluminaron los ojitos de Sophie y Sienna.
Ella había echado a Douglas de la empresa y ni siquiera pensó en la despedida.
Genial. Ahora parecía la maldita villana de toda aquella historia.
—¡Mamá, pregúntale a qué hora regresa a la casa! —Sophie le tomó la mano, entusiasmada.
—¡Sí, sí! ¿O vamos a cenar al zoológico? —Sienna ya estaba haciendo planes.
—Niñas, su pa