Efectivamente, Lilianne ya tenía a mano la medicina para Sophie.
Colgó con el pediatra y fue a preparar un barreño con agua para refrescarles el cuerpo sudado, al menos hasta que despertaran y pudiera darles un buen baño.
Sin embargo, en cuanto colgó, entró la llamada de su hermana.
—Luc…
—¡Ay, Dios mío! Menos mal que estás bien —gritó Lucy.
Lilianne tuvo que apartar el auricular de la oreja o la dejaría sorda.
Salió al pasillo y entrecerró la puerta de la habitación de las gemelas.
—Llamó el h