Lily se quedó muda de tanto descaro mientras Douglas se subía el pantalón muy tranquilo.
El cerebro de ella aún no había procesado la locura de ese hombre.
—Mi polla está disponible para ti las veinticuatro horas del día. Estemos enojados, felices, tengas la regla o las hormonas revueltas… Cuenta con mi soldado…
—¡Márchate! ¡Márchate de una puta vez, Douglas Calder!
Al fin reaccionó, señalando la puerta del baño y mirando enojada a esa sonrisa ladeada, como si estuviese golpeando algodón.
Dougl