Cuando Lilianne entró en su despacho y vio la mirada expectante de las gemelas clavada en la puerta entreabierta, se le apretó el corazón.
Cerró lentamente y esos dos pares de ojos grises se movieron hacia ella.
—¿Dónde está papito? —preguntó Sophie, sentada en el sofá y apretando la mano de su hermana.
—Él... tuvo que ir a resolver unas cosas del trabajo...
—Pero dijo que vendría con nosotras... ¿No va a regresar más? —Sienna se revolvió, lista para bajarse del asiento.
—¡Él dijo que no se mar