Las manos de ella se enredaron sobre los fuertes hombros de Douglas y tiraron de su camisa.
Algunos botones saltaron y otros fueron abiertos a tirones hasta que el duro pecho quedó expuesto.
Lily se puso de puntillas para volver a besarlo, acariciando sus pectorales y su abdomen tenso.
Con un gruñido ahogado, Douglas la hizo abrir las piernas y la sentó en el borde del lavabo.
No tenía que contenerse ahora por miedo a lastimarle las piernas. Le daría a su mujer todo lo que tenía.
Contra su coño