Cuando Lilianne empujó la puerta, se encontró a Douglas con los pantalones por las rodillas.
Estaba apoyado en la encimera del baño e intentando recoger una caja de curitas que había caído al suelo.
Sus ojos descubrieron de inmediato el corte abierto en el muslo.
—¡¿Por qué no me dijiste que estabas herido?! —le gritó, entrando de inmediato y cerrando la puerta como si afuera hubiese alguien más.
—No quería preocuparte…
—¿Y pretendías taparlo con las curitas de Minnie de las niñas? Sigues siend