Capítulo 41. Parte 2
Diego:
—¡Vamos, An! —digo con diversión—. Sé que quieres algo, preciosa. ¡Mírame! —exclamo, apuntando hacia mi pene erecto, mientras su dulce lengua pasa por sus labios—. Deberías pasar esa lengüita por otra parte.
—¡Ay, Dios de las aleluyas! —exclama, haciéndome reír—. Pero ¿no deberíamos ir con la corredora? —pregunta, mientras le quito la toalla.
—Yo solo complazco a mi chica, y tú deseas otra cosa —respondo, poniendo su mano sobre mi pene, provocando que, automáticamente, me acaricie de arr