Capítulo 39. Parte 4
Diego:
Dentro del quirófano no logro bromear como acostumbramos y solo me concentro en la mujer anestesiada, tendida bajo la luz blanca que todo lo revela. La piel pálida, el pecho que sube y baja lentamente, la vida confiada a nuestras manos. Pero yo, que tantas veces he sentido orgullo por devolverle el aliento a un cuerpo, hoy apenas puedo sostener la mirada. Siento un peso en el pecho, una presión que no viene de la responsabilidad médica, sino del asco y la desilusión.
El que era mi amigo