Capítulo 32. Parte 3
Antonella:
—Diosito Santísimo de las aleluyas, gloria a Dios —logro decir, intentando encajar mi corazón de nuevo en el pecho—. Me... me asustaste.
—Lo siento, amor... —se disculpa Diego, después de todos los disparates que salen de mi boca—. Vine por ti para ayudarte. Tu vecina me dijo que no está Bruno, y decidí entrar.
«Para algo que sirva la vecina chismosa.»
—No te preocupes, pero salgamos de aquí, por favor —le pido, creyendo que Bruno aparecerá en cualquier momento.
—Tranquilízate, por f