Capítulo 29. Parte 2
Antonella:
Al llegar a casa, todo está en completo silencio, y agradezco al cielo que mi buena racha continúe: Bruno no ha llegado, y me tranquiliza no tener que soportar su presencia. Con una amplia sonrisa me dirijo a la cocina para retirar de la canasta de picnic los alimentos que no comimos, y aprovecho mi soledad no solo para sonreír, sino también para reír a carcajadas mientras repaso en mi mente el maravilloso día que vivimos hoy.
—¡Te amo, Diego! —grito eufórica, sabiendo que estoy sola