El sonido de la lluvia aún persistía en los cristales cuando Brooke abrió los ojos. La habitación de invitados estaba en penumbra, iluminada solo por la tenue luz que se colaba entre las cortinas. Durante unos segundos, le costó recordar dónde estaba. El aroma a madera, el calor de las sábanas, el silencio… no eran los de su casa.
Entonces lo recordó todo.
La tormenta. El coche. La tensión en la cocina. El roce de sus manos. Su respiración.
Y Aleksei.
Suspiró, sentándose con lentitud. Se frotó