Elaide se sentía más y más nerviosa con cada segundo que transcurría y que no recibía ninguna noticia de Ezio. ¿Qué podía estarle tomando tanto tiempo? ¿Y si algo había salido mal?
—¿Dónde está él? —preguntó mirando al jefe del equipo de seguridad de Ezio.
El hombre, quien estaba sentado detrás del volante del vehículo en el que se encontraban, la miró a través del espejo retrovisor.
—Estará aquí pronto. No se preocupe.
«¿Qué no me preocupe? —quiso gritar—. Es fácil para usted decirlo».
Des