Los aplausos resonaron por toda la habitación mientras Elaide se acercaba al podio. Ezio miró a su esposa con orgullo mientras aplaudía con fuerza. No le importaba ser el que más fuerte gritaba y que probablemente estaba llamando la atención de la mayoría de asistentes.
Ella se lo merecía y no solo porque él lo creía así. Había una placa de cristal en reconocimiento al mejor videojuego del año que estaba colocada en una vitrina en la zona central de la compañía para la que trabajaba su esposa.