Cuando ese lobo salió del bosque e impactó en el coche, realmente no supe qué paso. Solo recordaba los cristales estallar, los gritos y el sonido de las llantas girando. Luego de eso, mi cinturón de seguridad se había roto.
Y yo había terminado desmayada sobre la carretera, inconsciente por quién sabe cuánto tiempo, hasta que Tarren apareció. En realidad, nunca pude comprobar que Zaid hubiese muerto.
—No encontraron a nadie en el coche —dijo Arawn—. Nadie se quemó. Por más que averigüé, esa