El dolor se volvió tan insoportable que comencé a sudar frío, añadiendo la enorme angustia que sentía por mi hijo, la idea de que pudiera irse antes que fuera capaz de conocerlo... Todo eso me llenó de terror al nivel que estuve cerca de desmayarme.
Solo ocasionalmente veía el rostro de Tarren sobre mí, sosteniéndome con la frente fruncida de angustia, mientras el coche en el que íbamos al hospital volaba sobre la carretera.
—Tranquila, Cyra. No pasa nada, no les sucederá nada, ni a ti ni a n