Camila lo miró, sus ojos seguían húmedos, cargados de una mezcla de culpa, dignidad y necesidad. La voz que salió de su garganta fue apenas un susurro.
—Respóndeme con honestidad Alejandro Por favor ¿Tú… amas a mi hija? –Repitió la pregunta anhelando una respuesta.
Alejandro no respondió enseguida. La pregunta era una daga envuelta en seda. La vio de frente, sin huirle al peso de lo que tenía que decir. Y esta vez, bajó la mirada un segundo. No por debilidad, sino por respeto a la verdad.
—La r