Camila Villalba no se movió. No reaccionó de inmediato. Su cuerpo permaneció inmóvil, como si de pronto la gravedad hubiera cambiado en esa habitación. No respiró por varios minutos que parecieron eternos. Por un instante, el tiempo pareció detenerse con un silencio pesado. Era como si un abismo se hubiera abierto bajo sus pies y estuviera cayendo en él hasta el fondo. Solo sus ojos, fijos en los de Alejandro, revelaban que su mundo acababa de tambalearse. La palabra flotaba en el aire como una