Leticia Villalba estaba iluminada por la brillante lámpara de cristal que colgaba del techo en el centro de la sala principal de la casa.
Alta, elegante, con un vestido color vino que se ajustaba a su figura perfecta. Su cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros, y sus labios, pintados de rojo intenso, se curvaron en una sonrisa que no reflejaba felicidad de verlos.
Tenía una mirada afilada que se posó primero en Alejandro, con un brillo de posesión, y luego en Elena, con una estudiada ind