ELENA
No pude dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía la foto que dejaron en la puerta del despacho: yo caminando hacia la entrada del hospital, completamente ajena a la sombra que me observaba. El sobre negro sigue en mi mesa de noche, como si fuera una presencia vigilante. Aún puedo recordar el frío que sentí cuando la abrí; la imagen estaba tan cerca, tan nítida, que por un instante pensé que aún estaba ahí afuera, mirándome. Y lo peor es que no sé quién lo hizo. Pero Damond sí lo sabe. L