Capítulo 32

Elena

El dolor en mi pierna late como un corazón ajeno, salvaje, fuera de control, pero aun así me arrastro. No siento el frío del suelo, ni la humedad que se mete en mi ropa, ni el sabor metálico que sube por mi garganta. Solo veo a Berny. Solo existe él. El hombre que siempre sonreía como si la vida fuera un chiste privado entre él y el mundo. El hombre al que salvé la vida una vez. El hombre que corrió sin pensar… por mí.

—Berny… —Mi voz se rompe, sale pequeñ

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