Dejo la última caja sobre la mesa de noche de la que ahora es mi habitación. El cartón me deja una marca roja en los brazos, pero no me importa. Me quedo ahí, de pie, mirando alrededor, con las manos en la cintura y una sonrisa cansada que me sale sola, aunque los ojos me arden.
Es algo grande para mí sola, sí. Pero es mío.
El estudio tiene las paredes blancas, altas, con las vigas expuestas. Hay una ventana enorme que da a la calle, y desde aquí puedo ver la hilera de árboles que bordean la ac