La noche tiene ese aire húmedo y ligero que deja el río cuando el calor del día se retira a regañadientes. El asfalto, aún tibio, devuelve un perfume urbano que se mezcla con el aroma dulce del agua cercana. La limusina se detiene con un suspiro elegante, y durante un instante pienso que el chofer se ha equivocado de dirección.
No es la fachada imponente de un hotel ni el destello de un salón de convenciones. Frente a nosotros, una propiedad amplia y de líneas modernas se recorta contra la penu