Ni siquiera esperé a que salieran del coche. Salí corriendo y entré en el bar, buscando el baño.
Después de vaciar la vejiga, encontré a mi padre y a Theo sentados en la sencilla cafetería de carretera. El olor a comida frita impregnaba la estancia y sólo había un empleado, que sin duda cogía el dinero y hacía la comida con la misma mano.
- ¿Qué haces ahí sentado?
- Quiero comer algo grasiento -respondió Theo, sonriendo libertinamente.
- No... No voy a escuchar eso. Sólo porque has engordado un