- Intentaré ser más suave esta vez.
- No tienes por qué... Ya no soy virgen.
Volví a sentir las despiadadas pinzas sacando el otro trozo de cristal. Seguramente esta era la forma que tenía Theo de castigarme. Podría apostar que estaba feliz de ver mi dolor y sufrimiento. Pero yo era fuerte, como siempre. Nunca dejé que se diera cuenta de que tenía sentimientos y podía ser débil y necesitar ayuda urgentemente.
Me enseñó los dos trozos de cristal, aún ensangrentados. Me senté en la cama y Theo le