CLAIRE abrió la puerta del apartamento de su nuevo novio con la llave de repuesto que él le había dado apenas la semana pasada. Sonrió levemente, ajustándose la correa del bolso al hombro y tarareando suavemente mientras entraba en la sala.
Pero en el momento en que sus ojos recayeron en el sofá, su sonrisa murió.
Allí estaba él, su novio de apenas dos meses, a medio vestir, con los labios unidos a los de otra chica que estaba sentada sobre él sin el menor cuidado. Por un segundo, Claire se que