Capítulo 91
LA luz del sol matinal entraba a raudales por los amplios ventanales de la sala de Amelia, derramando un calor dorado sobre la mullida alfombra crema donde los dos moisés descansaban uno al lado del otro. El suave zumbido de la vida doméstica llenaba el aire: el ligero crujido de Beth doblando ropa de bebé, las risitas de Hazel mientras agitaba un sonajero sobre uno de los gemelos, y la voz baja de Ryan tarareando una melodía alegre desde la cocina mientras ponía la tetera a hervir.