EL salón vibraba con música suave y el tintineo de los vasos mientras Adrian se recostaba en su asiento con una sonrisa de orgullo en el rostro. Los chicos acababan de reunirse para su habitual salida nocturna; sus vasos estaban a medio llenar y la mesa ya estaba repleta de cacahuates y platos pequeños. Adrian golpeó el borde de su vaso con el dedo índice, como esperando el momento adecuado para soltar su anuncio.
—Muchachos —comenzó, con una voz que mezclaba orgullo y contención—, mi niña se l