EL TENUE resplandor de las luces ámbar rebotaba en la barra mientras los tres amigos se acomodaban en su mesa de esquina de siempre. El lugar estaba animado pero no era ruidoso; música suave emanaba de altavoces ocultos, se oía el tintineo de vasos y las risas de un grupo de jóvenes en el otro extremo. Un camarero se acercó, dejando un cubo de hielo y tres vasos altos.
—¿Lo de siempre? —preguntó el camarero, alcanzando ya una botella de escocés.
—Sí, sírvelos —dijo Jakes, aflojándose la corbata