EL SOL de la mañana se derramaba ligeramente sobre el cielo cuando Adrian se detuvo frente al complejo de apartamentos de Vivian. Tocó la bocina una vez, de forma aguda pero no lo suficientemente fuerte como para atraer atención innecesaria. Momentos después, apareció Vivian, vestida con un vestido veraniego ajustado que resaltaba su figura, un pañuelo anudado al cuello sin apretar y unas gafas de sol de gran tamaño que ocultaban la mitad de su rostro. Llevaba un bolso demasiado pequeño para es