Capítulo 87
EL sedán negro de Adrian rugió al entrar en el amplio espacio de estacionamiento; los neumáticos chirriaron contra el asfalto mientras giraba con fuerza, con el pecho agitado por una urgencia inquieta. Sus nudillos se blanquearon contra el volante. El peso de la llamada que había recibido antes lo carcomía, y cada segundo alimentaba su furia y su desesperación.
Justo cuando avanzaba, los faros brillaron desde el extremo opuesto del lote. Un Nissan blanco se puso en movimiento, su mo