Capítulo 84
TUMBADO cuán largo era en la inmensidad de su cama estaba Adrian, con un brazo bajo la cabeza y el otro sosteniendo el teléfono sobre su rostro. La pantalla brillaba tenuemente en la penumbra de la habitación, y allí estaba ella: Hazel. La brillante sonrisa de su hija llenaba el encuadre, con el cabello recogido en dos pulcras trenzas que rebotaban cada vez que inclinaba la cabeza.
—¡Papi! —chilló ella, saludando a la cámara como si él no estuviera ya mirándola fijamente.
Los labios