ESA declaración tomó a Vivian desprevenida. Por un momento, simplemente lo miró fijamente, buscando en su rostro alguna grieta en su determinación. Luego soltó una burla, aguda y amarga, que se derritió lentamente en una risa; una risa triste y hueca que cargaba más dolor que humor.
—Vaya —susurró, cruzando los brazos con fuerza sobre su pecho—. Así que... ¿ni siquiera me amas?
Adrian dejó el papel doblado sobre la cama y se giró totalmente hacia ella. Su voz era calmada y deliberada.
—Te amo —